“Estoy en mi mejor momento ahora”: Mark Kovacs, la figura silenciosa detrás del nuevo impulso de Djokovic

Novak Djokovic no tiene nada más que demostrar en el tenis profesional. Bajo cualquier criterio objetivo, el serbio ya es una leyenda del deporte, habiendo marcado una era junto a Rafael Nadal, Roger Federer y Andy Murray, una época en la que el éxito nunca estuvo garantizado y el dominio debía conquistarse una y otra vez. Lo que siempre ha distinguido a Djokovic, sin embargo, no ha sido solo su excelencia técnica, sino una fortaleza mental acompañada de una preparación física excepcional.

“Estoy en mi mejor momento ahora”: Mark Kovacs, la figura silenciosa detrás del nuevo impulso de Djokovic

A los 38 años y con 101 títulos en su carrera, Djokovic se ha fijado un último objetivo, tan ambicioso como histórico: conquistar su 25.º título de Grand Slam. Tras más de dos temporadas sin levantar un trofeo grande, sabe que el desafío es mayor que nunca. Rivales más jóvenes como Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, con velocidad, potencia e impulso competitivo, se han consolidado como los principales aspirantes. Aun así, Djokovic no tiene intención de retirarse en silencio. En lugar de eso, ha optado por adaptarse.

Las dos últimas temporadas forzaron un momento de claridad. Djokovic entendió que su ventaja física, antes tan marcada, se había reducido y que frenar a la nueva generación ya no era algo automático. Alcaraz y Sinner se repartieron los ocho títulos de Grand Slam de los últimos dos años, lo que llevó al serbio a replantear su enfoque: menos torneos, una preparación más específica y una incorporación estratégica a su equipo.

Ese refuerzo fue Mark Kovacs, especialista en medicina deportiva con amplia experiencia en el rendimiento aplicado al tenis. El rol de Kovacs va mucho más allá del trabajo físico tradicional. Supervisa de manera minuciosa cada variable que influye en el estado corporal de Djokovic, desde la recuperación y la carga de trabajo hasta la eficiencia de movimientos, con el objetivo de maximizar el rendimiento y reducir el desgaste. La meta es tan simple como exigente: que Djokovic llegue a las instancias decisivas de los grandes torneos en su pico físico.

Djokovic ya había anticipado antes del Abierto de Australia que su plan consistía en construir su forma de manera progresiva, mejorando ronda tras ronda en lugar de alcanzar su mejor nivel demasiado pronto. Hasta ahora, la estrategia ha dado resultados. Junto a Alcaraz, es el único jugador del cuadro que no ha cedido sets, aunque su recorrido incluyó un pase directo a cuartos de final tras la retirada por lesión de Jakub Mensik.

Ahora llega la verdadera prueba. Djokovic alcanza las etapas finales del torneo con confianza y, más importante aún, convencido de que su cuerpo responde mejor que en años recientes. Más allá de ampliar su legado, el Abierto de Australia representa algo aún más simbólico: la oportunidad de superar a Margaret Court y quedar en soledad en la cima de la lista histórica de títulos de Grand Slam.

“Me siento realmente bien, especialmente desde lo físico”, declaró Djokovic tras vencer a Botic van de Zandschulp. “Sinceramente, creo que este es uno de los mejores momentos físicos que he tenido en mucho tiempo. Lo esperaba, teniendo en cuenta cuánto tiempo pude descansar y prepararme para este Grand Slam. Todo se dio de manera natural”.

Los observadores han notado la diferencia. Djokovic luce más fino, más explosivo y con una energía claramente superior a la de las últimas temporadas, cambios que reflejan el impacto de la llegada de Kovacs. Si esa renovada ventaja será suficiente para superar a Lorenzo Musetti en los cuartos de final y avanzar aún más está por verse. Lo que sí queda claro es que la búsqueda de la historia por parte de Djokovic en Melbourne está lejos de ser simbólica. Esta vez, está respaldada por un plan cuidadosamente diseñado y por un cuerpo que, una vez más, parece listo para creer.

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