Carlos Alcaraz ha sumado otro hito a su carrera meteórica al alcanzar por primera vez las semifinales del Abierto de Australia. El número uno del mundo selló su lugar entre los cuatro mejores tras vencer en sets corridos al local Alex De Miñaur en los cuartos de final, confirmando su condición de uno de los principales candidatos al título.

Reuters
Conquistando el último Grand Slam pendiente
Hasta ahora, Melbourne era el único Grand Slam que se le resistía a Alcaraz. En sus participaciones anteriores, su recorrido se había detenido en cuartos de final, con derrotas ante Alexander Zverev en 2024 y Novak Djokovic un año después. Este avance supone un paso clave en el cumplimiento de sus ambiciones al más alto nivel del tenis.
Con este resultado, el español mantiene vivo su objetivo de convertirse en el jugador más joven de la historia en ganar los cuatro torneos de Grand Slam.
Un salto evidente en su rendimiento
A lo largo de esta edición del torneo, Alcaraz ha mostrado una versión de su juego más completa y consistente que en años anteriores. Su nivel en Melbourne ha destacado no solo por los resultados, sino también por la autoridad con la que se ha impuesto, reflejando a un jugador plenamente adaptado a la élite del tenis sobre pista dura.
El exjugador y analista Alex Corretja subrayó esta evolución, poniendo el foco especialmente en el desarrollo físico de Alcaraz. Según Corretja, el español ahora se muestra “físicamente y muscularmente preparado para lo que exige el tenis profesional moderno”, un factor clave para sostener la intensidad en partidos largos.
Una nueva etapa en el banquillo
Este Abierto de Australia también marca el inicio de una nueva fase en la carrera de Alcaraz. Por primera vez compite sin Juan Carlos Ferrero como entrenador principal, rol que ahora asume Samu López.
Pese al cambio, Alcaraz no ha mostrado señales de inestabilidad. Al contrario, sus actuaciones sugieren una transición fluida y una base sólida en esta nueva etapa como líder del ranking mundial.
La mirada puesta en la final
Al alcanzar las semifinales, Alcaraz se acerca un paso más a levantar por primera vez el trofeo del Abierto de Australia. Más allá de eso, refuerza la idea de que su condición de número uno no se sostiene solo en el talento, sino también en el crecimiento, la capacidad de adaptación y la madurez física.
Melbourne ya no parece una asignatura pendiente: parece una oportunidad.
