Lo que comenzó como una interrupción menor en la pista terminó convirtiéndose en uno de los debates extradeportivos más comentados del Abierto de Australia. Durante los últimos días en Melbourne, algunas de las mayores figuras del tenis —entre ellas Carlos Alcaraz, Jannik Sinner y Aryna Sabalenka— fueron advertidas por los jueces de silla para que retiraran dispositivos inteligentes de monitoreo que llevaban bajo la muñequera.

EFE/Amazon
La decisión reavivó una discusión más amplia sobre dónde debe trazarse la línea entre el progreso tecnológico y la regulación competitiva en el deporte de élite, especialmente a nivel de Grand Slam.
El momento que encendió el debate
El incidente más visible ocurrió al final del Día 9 en la Margaret Court Arena, apenas unos instantes antes del partido de cuarta ronda entre Jannik Sinner y Luciano Darderi. Durante el sorteo previo al encuentro, el juez de silla Greg Allensworth detectó un dispositivo bajo la muñequera del número dos del mundo y le indicó que debía retirarlo. Sinner acató la orden sin protestar y luego ganó el partido en sets corridos.
Escenas similares ya se habían producido anteriormente en el torneo. Aryna Sabalenka, número uno del ranking WTA, fue obligada a quitarse el mismo tipo de dispositivo antes de su debut, mientras que Carlos Alcaraz fue detenido durante el calentamiento previo a su partido frente a Tommy Paul. Un breve intercambio entre Alcaraz y la jueza de silla Marija Cicak quedó registrado por las cámaras y rápidamente se volvió viral.
En todos los casos, los jugadores llevaban una pulsera inteligente discreta diseñada para registrar parámetros físicos —no para comunicarse ni recibir información durante el juego.
¿Qué son estos dispositivos y por qué los usan los jugadores?
El dispositivo en cuestión es un wearable Whoop, un monitor de salud y rendimiento sin pantalla, ampliamente utilizado en el deporte profesional. Recopila datos como frecuencia cardíaca, niveles de esfuerzo, temperatura de la piel, respiración, saturación de oxígeno, tendencias de presión arterial, calidad del sueño y recuperación.
Es clave destacar que la información no se muestra en tiempo real en el dispositivo. Los datos se cargan y analizan después del entrenamiento o del partido, permitiendo a los jugadores y sus equipos gestionar cargas de trabajo, recuperación y prevención de lesiones.
Para atletas que compiten en condiciones extremas —como el calor intenso habitual en Melbourne— este tipo de seguimiento se ha vuelto especialmente valioso.
“Hay ciertos parámetros físicos que nos gustaría controlar en pista”, explicó Sinner tras el incidente. “No para usarlos durante el partido, sino para analizarlos después, sobre todo en torneos como este”.
Entonces, ¿por qué están prohibidos en el Abierto de Australia?
La controversia existe en gran parte porque las normativas del tenis no están completamente unificadas.
La tecnología wearable está permitida tanto en el circuito ATP como en el WTA. La WTA autorizó su uso en 2021 tras un acuerdo comercial con el fabricante, mientras que la ATP hizo lo propio en 2024, destacando entonces los beneficios en prevención de lesiones y optimización del rendimiento.
La Federación Internacional de Tenis (ITF) también ha certificado esta tecnología, pero con una advertencia clave: cualquier función de retroalimentación háptica, como vibraciones, debe estar desactivada. Según la ITF, este tipo de señales podría permitir alertas en tiempo real o influencia externa, generando una posible ventaja competitiva.
Los Grand Slams, sin embargo, operan bajo su propio marco regulatorio. Por ahora, los cuatro torneos mayores mantienen una prohibición total del uso de wearables durante los partidos.
En un comunicado, los organizadores del Abierto de Australia aclararon su postura:
“Los dispositivos wearables no están permitidos actualmente en los eventos de Grand Slam. El Abierto de Australia participa en conversaciones en curso sobre cómo esta política podría evolucionar en el futuro”.
Los jugadores aceptan la norma — aunque la cuestionen
Ni Alcaraz ni Sinner hicieron un reclamo público pese a reconocer la utilidad de la tecnología.
“Esas son las reglas del torneo”, dijo Alcaraz con naturalidad. “Ayuda a gestionar el cuerpo y la carga de trabajo, pero si no está permitido, te lo quitas y sigues jugando”.
Sinner coincidió, señalando que existen alternativas como las bandas pectorales, aunque suelen ser menos cómodas. “Las reglas son las reglas”, concluyó. “Aquí no lo volveré a usar”.
Sabalenka también cumplió sin incidentes, aunque las reiteradas advertencias a figuras de primer nivel mantuvieron el tema en primer plano.
Un choque más amplio entre tradición e innovación
En el fondo, el debate refleja una tensión conocida en el tenis: un deporte profundamente arraigado en la tradición enfrentándose a un avance tecnológico acelerado. El Hawk-Eye, el canto electrónico de líneas y el análisis de rendimiento también fueron controvertidos en su momento. Hoy son indispensables.
Los defensores de los wearables sostienen que prohibir la recolección pasiva de datos poco hace para proteger la equidad y puede incluso aumentar el riesgo de lesiones. Los críticos, en cambio, advierten que incluso la asistencia tecnológica indirecta podría abrir la puerta al coaching en tiempo real o a influencias externas.
Por ahora, los Grand Slams optan por la cautela.
La ironía: éxito sin tecnología
A pesar de la polémica, la ausencia de wearables no frenó a las grandes estrellas. Alcaraz, Sinner y Sabalenka avanzaron con solvencia en Melbourne Park, demostrando que el rendimiento de élite no depende de un sensor en la muñeca.
Aun así, el episodio dejó una pregunta flotando: a medida que el tenis se moderniza, ¿cuánto tiempo podrán los escenarios más importantes del deporte resistirse a herramientas que ya son habituales en todos los demás niveles?
El Abierto de Australia no cambió sus reglas este año, pero la conversación está lejos de haber terminado.

